La prisa por el hongo dorado
En las manos y las rodillas de la taiga, a 1.600 kilómetros de Montreal, el forrajero siente el musgo al pie de los pinos del gato. Una protuberancia traiciona el matsutake. En Japón, este hongo asociado a la fertilidad y la prosperidad puede alcanzar un precio espectacular cuando está perfectamente formado.
La temporada sólo dura alrededor de un mes. Un recolector experimentado puede recoger entre veinticinco kilos al día, pero el valor varía con la forma, frescura y condición del collar. Entre el suelo norte y las mesas japonesas, la cadena fría debe permanecer continua.
Conflicto terrestre
En el Camp des Pins cerca de Radisson, Sylvain Paquin ha instalado un centro de compra, clasificación, limpieza y almacenamiento. Apodado "Matsuman", negoció con compradores de Montreal e intentó llevar la cosecha al mercado canadiense en menos de un día, luego a Japón en menos de dos.
Fotoreportaje






Pero este tesoro crece en Eeyou Istchee. El territorio Cree se divide en líneas de trampeo administradas por maestros de trampa, que cuidan animales, plantas y lugares sagrados. La llegada de recolectores llegados del sur plantea una pregunta inmediata: ¿quién puede cosechar, y con qué permiso?
La investigación a lo largo del James Bay Road ha identificado cientos de especies de hongos. Una empresa especializada utilizó teleobservación para localizar los círculos de matsutake y estimó el valor potencial del depósito en varios millones de dólares.
Una industria aún por construir
Paquin defiende el formación de recolectores, un permiso, cartografía de las parcelas y trazabilidad. También documenta el daño: setas rotas por patadas, rastros de vehículos y frágiles corros de brujas destruidos. Otros se niegan a revelar sus zonas de recolección y reclaman la libertad de recoger en tierras públicas.
La cuestión de las regalías para las familias Cree divide a los actores. Algunos argumentan que un mercado excesivamente volátil no permite un impuesto fijo. Por el contrario, un abogado especializado en derecho indígena considera que la explotación comercial debería beneficiar a los cris, como ocurre con la minería.
Detrás de la prisa hacia el hongo dorado es una industria todavía frágil: pocos volúmenes, compradores cambiantes, un recurso sensible y un territorio político. Matsutake es valioso, pero su verdadero valor dependerá de cómo se compartan el poder, los ingresos y la responsabilidad de preservarlo.
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