El grano de adicción

En Haití, los precios del arroz son una cuestión política y alimentaria. Con casi diez millones de personas para alimentarse en el momento del informe, el país depende en gran medida de los envíos de los Estados Unidos. El grano blanco vendido en los mercados lleva la historia de la soberanía alimentaria perdida.

Esta dependencia no se debió a una mera preferencia del consumidor. La disminución de los aranceles, la llegada del arroz estadounidense respaldado por el poder de su agricultura y el debilitamiento de la infraestructura rural han empujado gradualmente la producción local fuera del plato.

Producción o importación

En el Valle Artibonite, los productores tienen que lidiar con el costo de la semilla, el fertilizante, el bombeo y el transporte. No sólo piden un mejor precio: están pidiendo canales en buen estado, crédito, carreteras y una política pública capaz de dar a arroz haitiano una oportunidad.

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Fotoreportaje

El esclavo negro del arroz blanco — Fotoreportaje 1
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El pobre consumidor no puede esperar una reforma a largo plazo. Compra lo que puede pagar hoy. Cualquier ascenso agudo despierta la memoria de los disturbios de hambre y pone al gobierno ante una cruel contradicción: proteger a los agricultores sin empujar a las familias urbanas al hambre.

Después del terremoto, la ayuda alimentaria respondió a una emergencia vital. Pero cuando las donaciones se convierten en una presencia sostenible, también pueden hacer que los precios caigan y hacer la recuperación de campos más difícil. El informe sigue esta línea de fractura entre el alivio inmediato y la reconstrucción de una capacidad nacional.

Placa de reconocimiento

Dos visiones chocan. La primera es garantizar el arroz lo más barato posible por importación. En segundo lugar, la agricultura es una infraestructura esencial, digna de inversión comparable a las inversiones en carreteras y energía. Entre ellos están los comerciantes, campesinos y familias fotografiados en el suelo.

El dilema no es elegir entre una bolsa americana y una bolsa haitiana. Se debe construir una cadena completa: agua, almacenamiento, procesamiento, transporte, financiación y confianza. Sin ella, incluso una buena cosecha no es suficiente para que el productor sea competitivo o el consumidor más seguro.

En este informe, un alimento cotidiano se convierte en el símbolo de un país que intenta apoderarse de su destino. La pregunta sigue siendo: ¿cómo alimentarse ahora, al crear las condiciones para que Haití pueda alimentarse más mañana?

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